¿Crees que existe alguna posibilidad de tener una cita contigo?
Como en las películas. Yo te invito y tú me dices que sí.
Y yo me arreglo, y pienso en un sitio chulo para llevarte a cenar.
Pero tú no, no te arregles, no te peines, me gusta tu pelo enredado.
Y podremos charlar de cualquier cosa importante, y de todo lo demás también.
Mientras yo te miro al hablar, y tú sonríes al ver que te escucho.
En algún momento te levantarás para ir al baño, y mi mirada perseguirá tu rastro como un loco, esperando el tiempo eterno de tu regreso.
¿Crees que si te invito podrá ocurrir?
Tal vez podamos ir al cine, o al teatro, como la gente mayor. Y reírnos de las bromas de los actores mientras contengo el movimiento de mi cabeza para descubrir tus ojos abiertos de par en par en medio de una oscuridad de novela.
También podemos ir a ver un concierto, como aquella primera vez en que te contemplé en movimiento.
O quizás sea mejor ir a tomar algo, salir por ahí. Vestirnos informales y emborracharnos entre tumultos y música barata de verbena de siglo veintiuno.
Pero eso sí, como en las películas, llegará el momento de la despedida, y ese instante eterno que nos hará revivir nuestros años pasados, cuando al despedirme, siempre pensaba si debería acercarme para besarte y nunca lo hacía, paralizado por el miedo del ridículo del ahora, y del después también.
No sé si es mejor soñarlo que intentarlo. Hace mucho tiempo que elegí soñar antes que vivir, sin que eso se interponga nunca ante los acontecimientos espontáneos. Pero ahora no sé qué sería mejor.
¿Tú qué crees?
Déjame que vuelva a preguntártelo: ¿Crees que si te pido una cita me dirás que sí?